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Reseña de `Hadas con tacones afilados´ en el blog `Cazafantasía´

El blog literario Cazafantasía ha publicado una generosa reseña sobre mi novela Hadas con tacones afilados. En ella, su autora, Aure Martínez, se plantea acertadamente una de las claves del libro: ¿hasta qué punto los medios de comunicación pueden condicionar nuestra perspectiva de la realidad?

Os animo a que visitéis su blog y disfrutéis con la lectura de esta reseña y de todo su contenido.

Para leer la reseña completa, pulsad en este enlace.

 

 

 

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GATITOS Y BOLARDOS

El diablo me susurró: “No sobrevivirás a la tormenta”.
Entonces le susurré al diablo: “La tormenta soy yo”.

 

Dejémonos de rollos y reconozcamos nuestro miedo. Y digo reconocerlo, porque está claro que lo tenemos. Solo un imbécil no lo sentiría. La mera expectativa de ser los siguientes en correr despavoridos para no morir atropellados, degollados o bajo fuego terrorista nos atenaza, y ningún eslogan de sobrecillo de azúcar —ya saben, Je suis France, No tenemos miedo y demás zarandajas tan eficaces para consolarnos como inútiles para protegernos— va a evaporar esa desazón. No me entiendan mal, cada cual que se alivie como quiera, pero el animalillo que se queda paralizado en medio de la carretera ante la presencia de un camión suele tenerlo chungo. Por otra parte, la reacción al atentado yihadista no es nueva. Amén de descolocarnos, una tragedia así activa a fanáticos que pululan por bares, redes sociales o tertulias —siempre desde la barrera, vaya— pontificando sobre sus causas y efectos, y ofreciendo al respetable dos opciones tan extremas como esquizoides: u odiar todo lo que huela a islam o abrazarlo sin contemplaciones. Y me van a disculpar, pero no voy a pisar esa trampa.

 

Mi profesión me ha permitido visitar ciertos países de mayoría musulmana, y no precisamente como turista. Así, a bote pronto, recuerdo una reunión en Bosnia con mandos de diversas policías, entre otras la serbia y la turca, y cómo durante una acalorada discusión a cuenta de nuestra ley contra la violencia y el racismo en el deporte, un mando de la policía bosnia mascullaba que su colega serbio, sentado a pocos metros de nosotros y sin quitarnos el ojo, solía acudir a partidos de fútbol vistiendo una camiseta con el rostro de un militar al que consideraba un héroe de guerra, pero que en esa misma guerra había matado a su padre. O un curso que impartí en Túnez, donde, amén de policías y militares —que, convendrán conmigo, algo saben de seguridad en cuestión de atentados yihadistas— tuve la fortuna de conocer a Nejib, un anciano profesor amante de la literatura española que me inspiró un personaje de mi novela La melodía de las balas, y a una bella e inteligente intérprete de árabe y francés, reconocida activista feminista en el país magrebí —de las que se la juegan de verdad—, que me confesó la amarga certeza de que la libertad que habían alcanzado, una vez depuesto el dictador Ben Ali tras la Primavera Árabe, estaba siendo aprovechada por los islamistas radicales para imponer su inhumana interpretación del Corán. De modo que lo de que tengo amigos musulmanes, lejos de constituir una manida justificación que aleje de mí la sospecha de la islamofobia, es una garantía de criterio a la hora de valorar una situación complicada sin que la ideología o el oportunismo pudran su imprescindible debate.

 

Por supuesto que el Islam es una religión de paz. Como todas, ya puestos. Al fin y al cabo, las religiones no son sino un neutro y respetabilísimo —se lo dice un ateo— sistema de creencias y un bagaje cultural que tiende a ensuciarse según la mugre de las manos por las que va pasando. Sin ir más lejos, nuestro actual cristianismo bucólico y comprensivo es el mismo que hace siglos convencía con la hoguera y la espada a quien osara no comulgar con él. Si damos por hecho que la Biblia ha permanecido inalterable todo ese tiempo deberemos forzosamente concluir que todo es una cuestión de interpretación. E igual que nos parecería intolerable que un cura proclamara desde el púlpito las bondades de la pederastia, y de hecho reconocemos que la Iglesia católica —ahí sí generalizamos que da gusto— tiene un problema a la hora de gestionar los casos documentados de esa barbarie, justo sería preguntarse si una religión que se dice de paz y tiene a tantos energúmenos aniquilándonos en su nombre a lo largo y ancho del planeta, o a imanes que se las ingenian para adoctrinar en el odio y la venganza a chavales que atentan contra la misma sociedad occidental que los rescata de su miseria natal, debería plantearse no ya darle una vueltecita a su mensaje, sino mostrar una mayor contundencia y rechazo contra aquellos —demasiados— que matan esgrimiéndola como coartada. Resulta curioso que en esta España nuestra, tan furibundamente laica en lo que tocante al cristianismo, se nos exija una fe ciega en la inocencia de un islam que, a la vista está, no controla a todos sus hijos como debiera.

 

El mundo cambia y siempre lo ha hecho. Constantemente. Solo que ahora nuestro teléfono móvil se encarga de mostrárnoslo en directo y en alta definición, convirtiéndonos en excepcionales testigos de todo sin ahondar en las causas de nada. Hemos llegado a creernos expertos en geopolítica, en religión o en seguridad del mismo modo que un jugador de videoconsola se considera un gran tirador. De ahí la descabellada encrucijada a la que pretenden empujarnos unos y otros: lo mismo descerebrados xenófobos que estúpidos a los que se les humedece la entrepierna cuando se trata de echarle la culpa a Occidente, en una suerte de autoflagelación que no esconde más que ignorancia y pusilánime cobardía. Así que, repito, en los límites del consuelo personal no me meto, pero tenemos —todos, se lo aseguro— un gran problema que no se arregla tuiteando gatitos, discutiendo sobre bolardos, cantando Imagine o sonriéndole a las ratas asesinas, y sí con muchas dosis de conocimiento, de responsabilidad y de reciprocidad entre creyentes y no creyentes (de esto último ya les hablaré otro día). De lo contrario, nos ocurrirá como a aquella multitud —no sé si lo leí en La Peste, de Camus, o si esa obra me sugirió la escena; disculpen el fallo de memoria— que se reunía en la iglesia para rogar a Dios que acabase con la epidemia sin reparar en que, al respirar tantas almas encerradas el mismo aire infecto, lo único que lograban era transmitirse la enfermedad unos a otros y acelerar el mortal proceso.

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Mención en `El rincón de las páginas´

El concienzudo bloguero Carmelo Beltrán, autor de El rincón de las páginas, nos acerca a menudo obras literarias y audiovisuales de los más variados estilos.

Esta vez le ha tocado el turno a la #SemanaAutopublicados, y dentro del video que ha preparado para la ocasión ha contado una vez más con mi primera novela, Hadas con tacones afilados.

Tan agradecido como siempre, Carmelo. Un placer contar con tu atención.

Pulsad aquí para ver el video completo

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Entrevista en el blog `Leo la lluvia caer´

De una charla entre dos amantes de la literatura solo pueden salir buenos momentos. Si además esos dos son amigos, el resultado es una entrevista tan interesante como la que Alicia Vozmediano me ha hecho para su blog literario Leo la lluvia caer. Una vez más, mi más profundo agradecimiento por el buen rato que me ha hecho pasar, y a los lectores por asomarse a ella.

Pulsad en este enlace para leer la entrevista.

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Presentación de `Hadas con tacones afilados´ en el Ateneo de Jerez

Muchos kilómetros separan Valencia de Jerez de la Frontera, pero se recorren con gusto cuando sientes el cariño con el que mis amigos del Ateneo de Jerez nos recibieron en el acto de presentación de mi primera novela Hadas con tacones afilados.

De la deliciosa mano de Teresa Fuentes Caballero, profesora de Historia, autora del blog La ventana de Teresa y de varios libros, entre ellos `Al hilo de la conversación´ o `El vuelo de la memoria´, tanto el público (que tuvo una gran participación) como yo pasamos un evento memorable en el que hubo espacio para la literatura, la edición, secretos del oficio de escribir, el debate y también las risas.

Fue un placer reencontrarme con mi añorada provincia de Cádiz, a la que, como ya expliqué durante el acto, me unen fuertes lazos familiares y afectivos, con estimados amigos que residen allí y con un público al que espero poder volver a ver muy pronto. Un honor haber aportado mi humilde granito a la historia del Ateneo de Jerez.

 

Gracias a todos por vuestra asistencia.

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Firma de libros en la Feria Asociativa y del Comercio de Benetússer

El pasado día 29 de abril de 2017 estuve firmando ejemplares de mi novela Hadas con tacones afilados en la IX Feria Asociativa y Comercial de Benetússer, concretamente en el estand de Les paraules, uno de esas pequeñas librerías de barrio que, gracias al buen hacer de su propietario, Vicente, conserva ese delicioso ambiente de amor por la literatura.

Fue una jornada interesante en la que amigos y lectores se dejaron caer por allí para adquirir un ejemplar firmado de la novela y mantener una agradable charla.

Gracias a todos por asistir.

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Presentación de `Hadas con tacones afilados´ en Castellón de la Plana.

El jueves 17 de noviembre tuvo lugar la presentación de mi novela `Hadas con tacones afilados´ en la librería Fórum Babel de Castellón de la Plana.

El acto fue conducido con mano experta por Javier Martínez, reportero de Las Provincias y colaborador de programas de radio y televisión como `Espejo público´ o `Cuarto Milenio´. Un periodista vocacional que, como él mismo suele decir, eligió bailar con la más fea: la crónica negra. Gracias a su impecable buen hacer y a la participación del público, que realizó interesantes preguntas, resultó una presentación amena y cercana.

Gracias a todos por vuestra asistencia.

 

(Fotografías cortesía de Ricardo Silvestre y librería Fórum Babel).

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Video sobre `Hadas con tacones afilados´del bloguero y youtuber Carmelo Beltrán

Una vez más, el bloguero y youtuber Carmelo Beltrán (autor del completísimo blog El rincón de las páginas) me deja sin palabras con este detallazo: un video sobre mi novela `Hadas con tacones afilados´ y sobre mí (siendo esta última parte la que más vergüenza me da, sobre todo por sus elogiosas palabras, y eso a pesar de nuestras “grescas” tuiteras 😉 ).

La palabra “gracias” se queda corta, Carmelo. Un honor (con todas las letras).

 

Para ver el video completo pulsa en este enlace.