MEROS INDICIOS: CUANDO LAS HOJAS DEL CALENDARIO CAEN

Sabía que las hojas del calendario acabarían cayendo. Como suelen hacerlo las cosas que duelen. Despacio, sibilinamente, casi regodeándose en el dolor difuso e incomprensible que van dejando las ausencias. Sin más ruido que el quejido de un corazón que siente perder un pedazo a cada despedida. Pedazo que, al pudrirse, al menos abonará el campo de la memoria y el dulce recuerdo; el huerto de los olores y las sensaciones pasadas. Lo grato que anida en la memoria y que me trae imágenes de Almería, de la calle Juan Lirola y la peña Jueves Taurinos, de Velez-Rubio, la familia Placeres, un joven médico en Ciudad Real, una maestra que tocaba la guitarra, un policía bonachón o la matriarca de toda una estirpe alrededor de la cual danzábamos todos.He llegado a esa edad en la que, por fin, he dejado de preguntarme a dónde irán o dónde estarán; si me mirarán con indulgencia o con amonestadora severidad. Ni siquiera si existe ese lugar del que todos hablan y nadie conoce ni comprende. Porque me queda esa sonrisa en forma de recuerdo, de vívido mundo que acude a mí a ratos, inesperadamente, asaltándome para recordarme que nadie podrá quitarme… corrijo, podrá quitarnos nada de lo que vivimos al lado de todos ellos. Que somos porque ellos fueron. Que fueron porque nosotros somos. Y eso me alegra. Con eso me basta.

Sabía que las hojas del calendario acabarían cayendo. Pero no que un día lo harían tan deprisa. Ni tan dolorosamente.

2 comentarios
  1. Inma
    Inma Dice:

    Mientras los recuerdes, sean momentos, personas, sensaciones… seguirán estando, seguirán existiendo para ti. Y eso es lo importante. Me ha encantado tu post Rubén, me recuerda mucho a las sensaciones que tengo últimamente casi a diario. Besos!

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  2. Lara Cillan
    Lara Cillan Dice:

    Estamos hechos de recuerdos, unos parecen más importantes por su naturaleza, matemáticas, historia, pero solo son las herramientas, porque son esos que tan solo parecen sentimentales los que nos forjan como personas, los que marcan quienes somos, esa caricia que nos enseña a querer, ese castigo que nos enseña a ser responsables, esas bromas que nos enseñan que el sentido del humor es un aliado en las adversidades…y esos recuerdos, buena parte de ellos, provienen de personas queridas que aunque se vayan, nunca lo hacen del todo, porque los que nos quedamos somos su legado, su historia…

    Y las hojas seguirán cayendo, nunca paran, pero la brisa que desprenden va llevándose lo malo, si la dejamos, para hacer que esos recuerdo que ayer te hacían llorar, hoy, por el contrario, te estén haciendo sonreir.

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